Notas
Laboratorios de papel y tinta: las historias que laten detrás de la Feria Vecina
Este fin de semana, Rosario estrena su primera feria de editoriales
independientes en el Centro de Expresiones Contemporáneas. En un contexto donde
manda el mercado, estos "laboratorios" de ideas apuestan por
catálogos de nicho, nuevos autores y procesos de fabricación manual. Quiénes
son y cómo piensan los editores que mantienen viva la llama del libro objeto
Por Rosario Avalis/ Especial para El Ciudadano
Este sábado 14 y domingo 15 de
marzo de 15 a 21 hs se realiza la primera feria de editoriales independientes
en Rosario en el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC, Paseo de las Artes
y el río): Feria Vecina. “Creemos que Rosario es un polo cultural muy
importante y que se merece una feria de este tipo. Y creemos que puede crecer”,
dijo Nicolás Manzi, uno de los organizadores del encuentro. En esta nota se
comparten relatos que exploran las historias y propuestas de algunas de las
editoriales que participan de la feria.
Casagrande
Nicolás está en la puerta de la
imprenta, le encanta ir a ver cómo funcionan las máquinas, mirar quién está
editando y qué está editando quién. No se le da tan bien la edición sobre el
texto, pero vibra en el descubrimiento de un nuevo autor. A veces va a la
imprenta a buscar lo que hizo y se pregunta por qué se metió en esa, pero otras
veces salta de alegría cuando le gusta cómo queda una tapa. Nicolás Manzi es
director de la Editorial Casagrande y de la Editorial de la UNR y es uno de los
organizadores de la primera feria de editoriales independientes de Rosario: la
Feria Vecina.
«A mí me gusta decirles
editoriales pequeñas».
Las grandes empresas editoriales
apuestan a lo seguro, tienen una definición más comercial de lo que es el libro
y hacen los libros que saben que van a vender. Nicolás define las editoriales
pequeñas como proyectos de edición de catálogos, propuestas de lectura que no
terminan de conformarse con empresas, que no buscan un objetivo primordial en
el rédito económico. Las editoriales independientes cubren los nichos que las
grandes editoriales dejaron de cubrir porque perdieron el interés en editar
libros que son más difíciles de vender o libros que son de autores que están
empezando a difundir su obra y que no son tan conocidos. Son las que están
atentas a las cosas nuevas que pueden surgir en el mundo de la literatura o del
pensamiento, de la historia, de la filosofía. «Suelen ser como un
laboratorio donde se cultivan estas cosas que no sabemos cómo van a salir y
también es donde surgen las ideas nuevas».
Entre las editoriales pequeñas
no hay competencia, hay un entendimiento, incluso algo de compasión asegura
Nicolás: «Porque de algún modo también vivimos todo contando el mango».
En una época donde manda el dinero, las finanzas y el negocio, las editoriales
independientes van a contracorriente. Hay mucha gente involucrada, mucha gente
que trabaja con libros y empuja este universo de proyectos alternativos: los
editores, la comunidad de lectores y los escritores de los distintos
catálogos. Este fin de semana se corona un trabajo muy artesanal y de boca
en boca que vienen haciendo para sumar editoriales y escritores de todo el
país.
***
Lobita de río
El olor a tinta de grabado
invade a Josefina cada vez que abre la puerta de su taller. Y entonces, se
vuelve a sorprender. No naturaliza las 140 estampas que están allí secándose,
se emociona con el sonido de la guillotina que utiliza para recortar los bordes
sobrantes de las hojas impresas. Y disfruta de todo el proceso que significa
hacer un libro. Josefina Wolf es ilustradora y está al frente de “Lobita de
Río», una editorial artesanal de poesía argentina ilustrada que reúne
contenidos vinculados a territorio, diversidad y disidencias.
Josefina trabaja con máquinas
antiguas. Aunque usa impresoras de tinta a chorro o láser para el interior de
las publicaciones, todo lo demás lo hace de forma artesanal. Tiene muchas
prensas: calcográfica, de encuadernación, tipográfica. Trabaja con tiradas
pequeñas, de treinta a cincuenta ejemplares y ella misma se encarga de coser
las publicaciones. Tiene un contacto particular con el hacer: la
experimentación con las tintas de impresión, las distintas técnicas para las
tapas. Cada estampa es original y única. En un contexto de crisis económica,
donde no siempre es fácil comprar un libro, Josefina pone el cuerpo en cada uno
de los ejemplares.
«Pero no como una cosa sagrada
ni pretenciosa. Nada, es como un gesto de amor y de cuidado hacia el libro,
hacia la poesía».
Josefina trabaja con escritores
de distintas partes del país, principalmente por fuera de Buenos Aires. La
mayoría de los autores son del litoral, un territorio que la convoca mucho en
parte porque es de donde viene. La editorial elige a la poesía porque la
entiende como un género disidente, que encuentra su camino y puede expresarse
de múltiples maneras. Un género que no clausura, que no tiene un lenguaje
determinado, preciso, hermético, sino que expande sentidos y convoca.
***
ōmachi
Ernesto Inouye ocupa todas sus
mañanas en el taller que está en su casa. Comenzó como un hobby hace
seis años, sin la idea concreta de formar un sello editorial. Hasta el año
pasado solo había hecho fanzines o plaquetas, ningún libro. Pero cuando le
propuso a una amiga suya que escribiera sobre aquella experiencia que le contó
una tarde, ella se entusiasmó. Así nace el primer libro publicado por ōmachi:
Llueve en el Tambopata de Lila Gianelloni. Y hasta el momento Ernesto lleva
armados 315 ejemplares de ese título en el taller de su casa.
Su primera publicación dentro de
este proyecto fue una traducción. Esa podría ser una de las tareas que más le
gusta: traducir y corregir. Pero también le gusta hacer cosas con las manos. El
año pasado su gran inversión fue comprar una prensa de grabado con la que
empezó a hacer las tapas. A Ernesto le gusta todo de hacer un libro, probar,
confundirse y encontrarle la vuelta hasta que quede algo lindo. «Me da la
sensación que en el proceso, que suele ser medio largo, es como que se va
aunando todo».
Ernesto publica las cosas que le
gustan: escritos inéditos, rarezas y traducciones. Las temáticas que atraviesan
esas historias se relacionan con la experiencia, la observación y el
territorio. Ahora se encuentra trabajando en un proyecto que recaba testimonios
sobre el 15 de noviembre del 2006, el día de la gran pedrada en Rosario.
Completando un formulario o enviando un audio por WhatsApp, muchas personas ya
compartieron sus experiencias de ese día del que se cumplirán veinte
años.
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Aguará
“El aguará
es el lobo de crin que, al igual que nuestros cuadernos, deambula por el
litoral argentino y tal como cuenta la leyenda, una vez que se ha oído su
aullido no se lo puede olvidar jamás”.
Así comienza el manifiesto del
Colectivo Editorial Aguará. Desde 2008 este proyecto tiende un puente entre
Rosario y Paraná y se propone narrar historias de vida de personas que han
sufrido vulneraciones a sus derechos humanos y lograron transformar ese dolor
personal en lucha colectiva. Este grupo de militantes en derechos humanos que
conforma Aguará recupera a Oesterheld para entender la historieta en toda su
potencia, no solamente en su función estética sino también pedagógica: una
historieta bien hecha puede contar, narrar y enseñar sobre cualquier
tema.
La propuesta editorial de este
colectivo es federal. Visibilizan relatos de la región y convocan a duplas de
guionistas e ilustradores de la zona. Desde Aguará también trabajan con
escuelas, brindan talleres en distintas organizaciones sociales. Sabrina
Gullino, una de sus integrantes, destaca la posibilidad de disputar los
sentidos hegemónicos a partir del arte, de lo creativo. «A mí eso es lo
que siempre me parece más interesante, poder decir: “a esto lo vamos a hacer
visible” y ahí empezamos a modelar desde el guión y desde la ilustración esta
propuesta».
Escrita por Silvana Sanabria (Instagram)
La curaduría del proyecto se enfoca en la poesía como un medio para dar voz a las disidencias, “no sólo en términos de identidad de género, sino también en el uso del lenguaje y las temáticas abordadas”, explica Josefina Wolf, su creadora, en diálogo con DataChaco.
Desde DataChaco conversamos con su creadora, quien nos compartió el profundo vínculo personal que la llevó a fundar Lobita de Río, el valor de lo artesanal y la colaboración cercana con las, los y les poetas que publican en su editorial.
Un vínculo con la literatura que nace en la infancia
Desde pequeña, Wolf estuvo rodeada de libros, gracias al amor por la lectura que compartían sus padres. "Siempre que iba a la casa de mi papá era despertarme, abrir un ojo y verlo en la madrugada leyendo un libro", cuenta. Esta presencia constante de la literatura en su vida desarrolló en ella un interés no sólo por la lectura, sino también por el libro como objeto.
Esta inclinación la llevó a explorar las técnicas de grabado y dibujo desde la secundaria. Con estudios formales en Bellas Artes y una especialización en grabado, encontró en la xilografía y el grabado tipográfico una conexión directa con la producción de libros ilustrados, una técnica utilizada desde la Edad Media, una época que la fascina por su estética y composición visual.
Aunque el arte medieval no tiene relación directa con su vida cotidiana, su riqueza iconográfica y el registro visual de la época influyeron profundamente en su desarrollo como artista.
“Creo que Lobita de Río une todas mis pasiones: la poesía, la ilustración editorial y el grabado”, explica, y menciona que en cada uno de sus libros hay ilustraciones y grabados de su autoría. En cada proyecto se conjugan todas sus influencias y experiencias, desde su formación en diseño gráfico hasta sus colaboraciones anteriores con editoriales internacionales de distintos tamaños.
De ‘Wolf’ a ‘Lobita’, una metamorfosis de la desobediencia
El nombre "Lobita de Río" simboliza un acto de resistencia y reivindicación, alejándose de las connotaciones del "lobo" europeo presente en su apellido, Wolf, y abrazando la figura de la lobita, que representa su pertenencia al territorio del río Paraná. Esta elección no solo se trata de un cambio de nombre, sino de un movimiento que busca dar lugar a las voces históricamente marginadas en el mundo editorial, como las de las mujeres y las comunidades LGBTQ+.
El proyecto editorial no sólo se limita a la publicación de libros; también incluye la promoción de un feminismo inclusivo y el reconocimiento del papel de las disidencias en la literatura y la imprenta, campos que han sido predominantemente masculinos. Con "Lobita de río", se establece un espacio donde la poesía puede florecer, resonando con las voces de quienes se encuentran en los márgenes sociales y literarios, y así, se busca contribuir a una conversación más amplia y significativa en el ámbito cultural.
La curaduría de "Lobita de río" se enfoca en la poesía como un medio para dar voz a las disidencias, “no solo en términos de identidad de género, sino también en el uso del lenguaje y las temáticas abordadas”, explica Josefina. La editorial busca publicar a escritores que se desvían de lo convencional y que desafían las normas establecidas en la poesía. Entre sus proyectos, destacan obras de escritores como Washington Atencio, Franco Rivero, Evelin Bochle, Luba Malun, Vir del Mar, Duen Sachi, y Daiana Vázquez, todos ellos aportando diferentes perspectivas y experiencias al catálogo de la editorial.
Lo artesanal como práctica de resistencia
La editorial se presenta como un espacio donde la literatura se fusiona con el arte a través de un enfoque artesanal. En una era marcada por lo digital, la velocidad y la masividad, la propuesta de Lobita es regresar a lo analógico, favoreciendo las técnicas de grabado y el trabajo manual en la creación de libros.
Y es que en los últimos años la editorial se consolidó como una referencia en la publicación artesanal de obras literarias en la región, con un enfoque particular en la ilustración y el uso de técnicas de grabado. En la serie Remansos, por ejemplo, “todas las publicaciones están ilustradas con grabados originales y se presentan en pares, utilizando distintas técnicas como la monocopia en tintado simultáneo y la estampa tipográfica, garantizando la originalidad en cada ejemplar”, remarca Wolf.
Desde sus inicios, “Lobita” se centra en el trabajo artesanal y lo que podríamos denominar como la presencia y las marcas del cuerpo sobre las ediciones, consciente de que el esfuerzo invertido en cada publicación “nunca será recuperado en términos de tiempo”, relata Wolf.
Sin embargo, la fundadora ha encontrado satisfacción en el proceso creativo, priorizando la calidad y la singularidad de cada obra. Las tiradas son limitadas, entre 30 y 50 ejemplares, y los autores reciben un 10% de ejemplares de la tirada, lo que refleja un compromiso equitativo con los escritores.
La elección de un modelo de publicación artesanal en lugar de uno industrial responde a una necesidad de “desconexión de la virtualidad y de retorno a la materialidad de los libros”, indica Wolf, quien ha trabajado para grandes editoriales y reconoce la importancia de las que cuidan el proceso de publicación. Sin embargo, su objetivo con Lobita es ofrecer una propuesta que amplíe los sentidos y fomente una conexión más profunda con el material.
La fundadora, apasionada por lo analógico y con una formación en grabado, ilustración y fotografía, busca recuperar la esencia del proceso creativo. Esto se traduce en un enfoque que valora el cuerpo, los sentidos y la experiencia táctil de los libros, resistiendo la tendencia a la producción masiva y virtual. Aunque su editorial pueda tener un alcance limitado, su compromiso con la calidad y la originalidad es inquebrantable.
Las técnicas: marcas del cuerpo en cada obra
Cada libro es una obra única. “En ‘Río Grande’, se utilizan grabados originales, mientras que en ‘Senderos y Plumas”, la técnica es completamente monocopia. En ‘Juglarías’, se emplea xilografía y estampa tipográfica para el título, los nombres de los autores y el de Lobita, asegurando que todas las ilustraciones sean también originales”.
Un ejemplo destacado es ‘Se me lo lleva’, donde cada tapa es pintada a mano con pintura asfáltica, creando una experiencia visual singular. Este libro también incluye ilustraciones del artista Duen, integradas en el cuerpo del poemario, así como textos seleccionados de otras obras del autor, lo que enriquece el contenido y establece un diálogo intertextual.
Otra de las obras destacadas es "Pipido”, de Franco Rivero. La fundadora de Lobita de río ha trabajado durante tres años en el proyecto, donde se busca explorar la metaficción a través de un personaje infantil que interactúa con los elementos del libro, desdibujando las líneas entre la ficción y la realidad. Este enfoque invita al lector a cuestionar los límites de ambos mundos y a sumergirse en una experiencia de lectura más íntima y reflexiva.
Sobre la obra, Wolf señala que "la ternura de la infancia es lo que salva al niño, su capacidad de vincularse con otros seres, como las gallinas, que lo protegen de la violencia que lo bombardea". Esta sensibilidad es fundamental para comprender la profundidad del personaje, quien, a través de sus interacciones, encuentra un respiro en un mundo que parece desmoronarse a su alrededor.
El libro se enriquece con ilustraciones en lápiz y tinta, creadas en parte por la sobrina de Wolf, Martina, que añaden diferentes registros visuales a la narración. La autora reflexiona: “No quería dibujar como si fuese ese niño; quería que una niña dibuje”. Además, los dibujos de Martina están diseñados para invitar a la participación del lector: "no pueden ser sólo ojos de lectura; deben involucrarse en la historia, como si al ver algo, debieran actuar".
Por otra parte, la serie Remansos destaca por su compromiso con la ilustración original: cada publicación se acompaña de grabados únicos, utilizando técnicas como la monocopia en tintado simultáneo y la estampa tipográfica. La atención al detalle es evidente, donde, por ejemplo, en la tapa de Se me lo lleva, cada una es pintada a mano, haciendo de cada ejemplar una pieza singular. Las transparencias, la inclusión de ilustraciones del artista Duen y la combinación de textos preexistentes en el poemario resaltan la complejidad y riqueza de la obra.
El proceso de curaduría y con los artistas
El proceso de colaboración con los escritores es fundamental en la editorial. Se establece una comunicación abierta y respetuosa, donde se fijan plazos y se realizan ajustes según sea necesario. Las videollamadas se convierten en una herramienta clave para fomentar un diálogo fluido y asegurar que las visiones de los autores se vean reflejadas en el producto final.
El proceso de creación implica una profunda dedicación, “donde se valora cada etapa, desde la lectura y el trabajo del material hasta la impresión y encuadernación de las obras”, relata Wolf, quien se encarga de todos los aspectos técnicos, utilizando herramientas y máquinas antiguas que confieren un carácter único a cada publicación.

